ASJ reconoce el compromiso de los maestros hondureños para garantizar el derecho a la educación de la niñez

ASJ reconoce el compromiso de los maestros hondureños para garantizar el derecho a la educación de la niñez

El compromiso de los maestros hondureños ha sido fundamental para empujar el derecho a la educación de más de dos millones de niños, niñas y adolescentes que dependen del sistema educativo público.

Las crisis que ha atravesado el sistema educativo no han detenido a los docentes, quienes a pesar de los obstáculos se han mantenido firmes para cumplir con su vocación en favor de la niñez hondureña.

Durante la pandemia de covid-19, los docentes unieron esfuerzos con autoridades educativas, padres y madres de familia, empresa privada y sociedad civil, para abrir las escuelas e impartir clases bajo el cumplimiento de medidas de bioseguridad, un ejercicio que resultó exitoso y sirvió como ejemplo a replicar.

Este fue el caso del centro Mercedes Calderón de Santa Cruz de Yojoa, en Cortés, al norte de Honduras, donde más de un centenar de alumnos lograron culminar dos exitosos años escolares (2020 y 2021) sin ningún contagio, pese a múltiples limitantes como problemas de infraestructura, bajo apoyo gubernamental y limitado acceso a insumos de bioseguridad.

Casos similares se reportaron en escuelas de Francisco Morazán y Choluteca, donde las aulas de clase abrieron sus puertas a estudiantes de forma paulatina entre 2020 y 2021, en medio de las restricciones por covid-19, con la férrea determinación de los docentes de llevar el pan del saber a la niñez y juventud.

Hoy, la crisis que atravesó el sistema educativo a causa de la pandemia ha sido superada; sin embargo, los maestros enfrentan retos que durante años han pasado desapercibidos y mantienen barreras perjudiciales para la educación.

Los desafíos son más complejos en el interior del país, donde los maestros luchan a diario ante carencias difíciles de solventar.

Un compromiso que atraviesa mar y tierra

Jenny Sobeyda Castro es una maestra asignada a la escuela Estados Unidos, en la isla Boca de Río Viejo, en el área protegida Los Delgaditos, Choluteca, en el sur del país. Pese a que la zona es reconocida como centro de conservación de la tortuga golfina y atrae cientos de turistas al año, la situación de la escuela local no es alentadora.

Las bases de madera se encuentran deterioradas y sus pilares dañados al punto de provocar que la estructura se haya movido de su punto original y continúe desplazándose a un costado. “Los niños prácticamente se guindan para poder subir. Es un peligro que un niño se pueda resbalar”, comenta la maestra.

Por otro lado, muchos alumnos dejan los estudios para trabajar junto a sus familias o acuden de forma intermitente a clases, pues se dedican a la pesca. A esto se suma la falta de pupitres, una ventilación inadecuada, mobiliario en mal estado y escasez de libros.

La docente se encuentra contratada por el Proyecto Hondureño de Educación Comunitaria (Proheco), el cual funciona en las áreas más remotas del país y, aunque cumplen con todos los requisitos para la asignación de una plaza, reciben salarios menores a los del resto de maestros.

A pesar de esto, Jenny sale a las cinco de la mañana de su casa en Choluteca para trasladarse hasta Monjarás, donde posteriormente aborda una lancha en la costa para llegar a la escuela. Su retorno puede ser más complicado aún. «No tengo hora de salida para poder pasar (de la isla a tierra firme) porque depende de la marea. Cuando la marea está seca, me voy caminando todo el playón; pero si la marea está creciendo hay que esperar para que las lanchas puedan salir», relata.

En promedio, a Jenny le toma seis horas trasladarse desde su casa a la escuela y de regreso, mientras destina más de 40 % de su salario a transporte.

Vocación al servicio de los más necesitados

Pero vicisitudes y retos como los que ella enfrenta no son difíciles de encontrar.

Marilyn Bautista Castillo es maestra en la escuela rural mixta Calamateca de La Paz, en la zona central del país. A su cargo tiene 17 alumnos de primero, segundo, tercero, cuarto y sexto grado.

Los niños de entre seis y 11 años reciben clases en una galera que fue construida por los padres de familia, quienes han realizado gestiones para que la pequeña escuela sea admitida en el programa Proheco; sin embargo, aún continúan esperando respuesta a su solicitud.

El único mobiliario con el que cuenta la escuelita es el que logró gestionar un profesor de Tutule, una comunidad cercana, y una mesa que al finalizar cada jornada regresa a la casa de una de las familias, donde pertenece para servir como comedor. Los niños han recibido cuadernos y colores como donaciones, los que continuarán usando hasta que sus hojas y puntas ya se encuentren gastadas a causa del uso.

La mayoría de los padres de familia no cuentan con un trabajo estable y muchos niños no llevan merienda escolar o apenas frijoles y tortilla.

Marilyn trabaja ad honorem. El único apoyo que ha solicitado a los padres y madres de familia para impartir clases es cubrir el pasaje de ida y regreso a la escuela desde su lugar de residencia. Este tramo le toma alrededor de tres horas diarias.

“La vocación de maestro lo hace (actuar) a uno, saber la condición de los niños. El acceso a la escuela donde los niños iban antes era un sacrificio, más de una hora caminando para llegar y si caminaban rápido. Los padres me buscaron para ayudarles y aunque no cuento con una plaza de la Secretaría de Educación, al ver la necesidad de los niños solo les dije a los padres: ´con los pasajes que me consigan, yo hago lo demás´… cómo no se va a mover uno a ayudar”, cuenta conmovida, mientras una sonrisa se dibuja en su rostro.

ASJ acompaña a los docentes hondureños

Los desafíos que enfrentan los maestros del sistema educativo público no han pasado desapercibidos para ASJ.

El año pasado, en el marco del proyecto Sancus, con el financiamiento de Unión Europea en Honduras, el centro de Asistencia Legal Anticorrupción de ASJ atendió la denuncia de docentes Proheco que exigían el cumplimiento de la promesa de permanencia en el sistema, tras 23 años de arduo y noble trabajo.

Luego de gestiones y un esfuerzo conjunto con la Comisión de Educación del Congreso Nacional se logró la articulación de la Secretaría de Educación, a través de las autoridades del programa, la Dirección de Servicio Civil y el Sindicato de Trabajadores de la Educación Básica (Sintradebah), para la creación del Reglamento Especial que asegure al docente el ingreso y permanencia.

Además, el capítulo hondureño de Transparencia Internacional alzó su voz junto a otras organizaciones de sociedad civil para demandar un concurso docente justo y transparente para la asignación de 14 mil plazas. A través de la veeduría social a estos procesos, ASJ ha buscado que prevalezcan los resultados de las pruebas al momento del nombramiento, para que se respete el derecho del docente a ser nombrado y de los estudiantes de tener al mejor docente.

Este año, ASJ ha brindado capacitaciones a docentes para la prevención del abuso sexual infantil, denuncia y transparencia, y continúa apoyando los esfuerzos de los educadores para garantizar la calidad de la educación para más de dos millones de niños, niñas y adolescentes.

En el marco del Día del maestro hondureño, ASJ reconoce su dedicación y empeño en favor de nuestra niñez y juventud, al tiempo que reafirma su compromiso para seguir trabajando junto a los educadores en la construcción de una Honduras más justa.

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