Un liderazgo con vocación al servicio de los niños

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Un liderazgo con vocación al servicio de los niños

Stefany Canales junto a los niños del Club de Impacto que lidera.

Tegucigalpa. Las estrechas y polvorientas calles y las casas apiñadas de la colonia Villa Nueva de la capital hondureña, guardan celosas un tesoro invaluable: una joven con vocación para servir a los niños.

Se trata de Stefany Canales, de 19 años, una jovencita vivaz que decidió ser agente de cambio en su comunidad y convertir sus sueños en realidad. Hoy ayuda a muchos otros niños a seguir sus sueños, a tener ilusiones, a mantener viva la esperanza de un mejor futuro, a creer en sí mismos.

En esta colonia, donde el futuro es incierto, los Clubes de Impacto ayudan a niños y jóvenes a alejarse de la delincuencia y trazar metas, planes que se transforman en el motor de sus vidas. Stefany es una líder de los Clubes Impacto.

La joven, de ojos oscuros y brillantes, anhela ser maestra de preescolar y por eso se inscribió en la jornada vespertina en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), donde acude cada día sin importar el cansancio que sienta.

Y es que Stefany se levanta temprano para hacerse cargo de una pulpería que su madre atendía antes de irse a trabajar a España, como miles de migrantes que buscan una oportunidad para sacar adelante a sus familias. Cuando partió, en octubre de 2014, le hizo la promesa de enviar dinero para apoyarla en su carrera y regresar el próximo año a Honduras para que ella pudiera estudiar a tiempo completo.

Su jornada inicia a las 6:30 AM, entre el ir y venir de los vecinos, a quienes atiende siempre con una amable sonrisa. Es afable, es dinámica, es un ejemplo de lucha que inspira y que da lección de vida a quienes la conocen.

Entre el ajetreo de la pulpería y la universidad, Stefany se encuentra inmersa en un sin número de responsabilidades; sin embargo, aún encuentra tiempo para dedicarlo a la difícil, pero gratificante, tarea de ayudar a otros jovencitos a perseguir sus sueños, de devolver, en cierta forma, lo que un día los Clubes Impacto hicieron por ella.

A los 14 años (en 2010) ella se unió a los Clubes de Impacto, atendiendo la invitación del equipo de Gedeón. “Yo era de las niñas que no le hablaba a nadie, para mí solo era yo, en mi burbuja solo era yo y nadie más”, recuerda mientras coloca las manos sobre su pecho.

“Me costó bastante socializar con todos porque no le hablaba a nadie; pero con las charlas y los valores que nos enseñaron dentro del club, empecé a socializar con ellos, empecé a aportar ideas y cuando miraba que todos me decían: ‘qué bien lo hiciste’ o me aplaudían, más me emocionaba y empezaba a dar más opiniones”, añade mientras se le dibuja en el rostro una sonrisa un tanto extrovertida.

La experiencia con el equipo de Impacto Juvenil llevó a Stefany a liderar un club en su comunidad para orientar a niños y jóvenes como ella. De carácter decidido y tenaz, asumió a los 18 años el reto de coordinar el proyecto y juntar al menos 25 niños para conformar el club.

“Empezamos a buscar a los jóvenes, a los niños. Fue bien difícil porque es una zona marginada y las mamás pensaban que les queríamos robar, que queríamos robarnos los niños y llevarlos a otro país, que los queríamos vender; pero como está la delincuencia en Honduras, nosotros entendíamos y no les decíamos nada… pero muchas personas creyeron en nosotros”,  comenta.

Forjando sueños

Fue así como Stefany comenzó como líder en 2014, un Club de Impacto con 28 niños. La tarea fue ardua debido a la desconfianza de los padres de la localidad, una de las más violentas de Tegucigalpa.

Ahora, un año después, constata las transformaciones en las vidas de los pequeños con quienes comparte sábado a sábado en un centro comunal de la zona. Stefany sin duda alguna se ve reflejada en cada uno los niños que hoy lidera. Confiesa que su mayor anhelo es que todos ellos tengan la oportunidad que hoy goza ella de estudiar y superarse a nivel universitario.

“Había una mamá que cuando íbamos a hacer las visitas domiciliarias se mostraba muy seria, bien enojada. Ahora que su niña ha mejorado de conducta, porque ha mejorado increíblemente. Es nuestro ejemplo”, apunta.

No obstante, uno de los obstáculos más grandes que enfrentó fue el negativismo de los mismos niños sobre su futuro y las posibilidades que éste abre para ellos.

Stefany Canales Club de Impacto Villa Nueva

Stefany Canales.

“La idea era que los niños cambiaran de pensamiento, del ‘yo soy pobre, para qué voy a estudiar’. En verdad es un reto hacer cambiar a estos jóvenes de pensamiento, es bien difícil, pero al final lo logramos”.

La paciencia, cariño y empeño que ha puesto, han rendido frutos. Atrás quedaron los pensamientos de derrota y conformismo para darle paso a los sueños. La satisfacción que emana del rostro de Stefany es inconfundible; ella sabe que está logrando su objetivo: ayudar a estos niños.

De los 28 niños y niñas que lidera, la mayoría figura en el cuadro de honor de su escuela por excelencia académica. “Ahora ellos piensan diferente, sueñan con ser doctores, enfermeras, profesoras. Dos de ellos me han dicho que quieren formar un club”, señala satisfecha.

“Es una experiencia muy bonita, es muy bonito compartir con ellos, darles a conocer todo lo que nosotros aprendimos, enseñarles valores, el respeto, el autoestima, que se amen, valoren y respeten”.

stefany canales02

Manualidades navideñas elaboradas por los miembros del Club de Impacto que lidera Stefany.

Mientras los recibe en su casa al terminar la terapia psicológica, Stefany observa complacida los resultados de su empeño y los impulsa a seguir adelante. “El club nos enseña todos los valores y es imposible que alguien no lo comprenda y no lo ponga a práctica”, reflexiona.

“Mi objetivo es graduarme de la universidad y trabajar con niños. No me imagino trabajando en otra cosa”, finaliza con una determinación sólida y singular, que a todas luces está basada en su voluntad y deseo de salir adelante. Stefany, sin duda alguna, es una digna historia de éxito del Club de Impacto.

 

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