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Para parar “caravanas” de migrantes, ayuda de EE UU a Honduras tiene que mantenerse

Cortesía El Universal

Tomado de Los Angeles Times

 

LA Times, 20 de abril, 2018

Por James D. Nealon y Kurt Alan Ver Beek

 

Los remanentes de una “caravana” de migrantes que cruza México están en el último tramo hacia la frontera de los Estados Unidos en Tijuana, donde se espera que decenas de hondureños pedirán asilo. Esto ha atraído la ira del presidente Trump, quien no solo tuiteó la amenaza de cortar la ayuda de los Estados Unidos para Honduras, sino que días después mandó a la Guardia Nacional a la frontera.

Este foco de atención sobre Honduras vino después de una serie titulares negativos en los medios de comunicación este año. Alegaciones de manipulación electoral provocaron protestas en enero en las que 30 personas fueron asesinadas por agentes de seguridad. El Congreso Nacional de Honduras aprobó un “pacto de impunidad” para blindar sus miembros de acusaciones de corrupción. Luego, el jefe de misión de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción e Impunidad en Honduras (MACCIH) renunció, citando falta de apoyo del Gobierno y la comunidad internacional.

Sería fácil observar todo esto y decir que nada ha cambiado en Honduras, y que no cambiará nunca. Pero ese no es cierto. A pesar de los desafíos desalentadores, en los últimos cuatro años Honduras ha avanzado en la reducción de la violencia, el fortalecimiento de institucionalidad pública, la lucha contra la corrupción y la ampliación de oportunidades económicas para los ciudadanos. Pero ese progreso es frágil y este no es el momento para que Estados Unidos abandone su apoyo.

Reducir la ayuda de los Estados Unidos a Honduras en este momento daría ventaja a los narcotraficantes, los funcionarios corruptos del Gobierno y a las violentas maras y pandillas.

Los niveles de violencia astronómicamente altos de Honduras le ganaron el título “Capital de Homicidios en el Mundo”. En 2012, la tasa de homicidios alcanzó un extremo de 86 por cada 100,000 habitantes. Este año, ha disminuido a alrededor de 42 por cada 100,000. Esa todavía es una cifra demasiado alta; para comparación, la tasa de los EE UU es 4 por 100,000. Aun así, es una mejora impresionante lograda a través de valientes esfuerzos por parte de funcionarios del Gobierno hondureño, actores de sociedad civil, unidades capacitadas de la Policía Nacional y la comunidad internacional, particularmente los Estados Unidos.

La Policía Nacional hondureña,  históricamente parte del problema, también está avanzando en la lucha contra la corrupción. A través de una Comisión de Depuración liderada por la sociedad civil, más de 4,000 oficiales han sido depurados, incluyendo casi todos los oficiales de alto rango. Al mismo tiempo, la comunidad internacional y la sociedad civil hondureña han apoyado reformas transcendentales, mejorando la contratación y la capacitación de oficiales para garantizar que la Policía pueda enfrentarse a las poderosas pandillas en comunidades violentas y ganar la confianza de un pueblo escéptico.

Otras instituciones públicas de Honduras, incluidos Juzgados y secretarías de Estado, durante mucho tiempo han sufrido también de una plaga de corrupción. Pero a principios de 2016, el Gobierno hondureño y la Organización de Estados Americanos (OEA) crearon la Misión de Apoyo en Contra de la Corrupción y la Impunidad (MACCIH), una fuerza legal conjunta dirigida por expertos internacionales. Con el fuerte apoyo del Ministerio Público, ya ha ayudado condenar líderes de un enorme escándalo del Instituto Hondureño de Seguridad Social e identificar otras redes de corrupción pública, incluido el Congreso Nacional.

Estos pasos por fin los tienen asustados a malos actores en Honduras. ¿Cómo sabemos? Porque esos avances – importantes, impresionantes, pero frágiles – han sido atacadas por una coalición improbable de los que prosperaban en medio del desorden del país. Estos líderes clandestinos han lanzado una campaña de coacción y manipulación en las cortes y el Congreso, de los cuales el “pacto de impunidad” es solo una muestra. En resumen, “el imperio contraataca”.

Cortar o reducir en gran medida la ayuda de los Estados Unidos a Honduras en este momento sería favorecer a los narcotraficantes, los funcionarios corruptos, las pandillas violentas y todos los otros actores nefastos que durante décadas han sembrado violencia, corrupción y caos en el país. El pueblo hondureño, defraudado por mucho tiempo por sus líderes e instituciones, se quedaría una vez más para salvarse a sí mismo. Y eso significa que muchos más “votarán con sus pies” e intentarán emigrar a los Estados Unidos.

La asistencia de los EE UU no es caridad ni es un regalo para Honduras. Es una inversión para evitar que el país retroceda. Es de interés nacional de los Estados Unidos seguir apoyando los esfuerzos para reducir la violencia, mejorar la institucionalidad y crear oportunidades económicas para que los hondureños vean su futuro no en los Estados Unidos sino en una Honduras estable y segura.

James D. Nealon fue embajador de EE. UU. en Honduras desde 2014 hasta 2017. Kurt Alan Ver Beek, profesor de sociología en Calvin College, ha vivido en Honduras desde 1988 y es cofundador de la Asociación para una Sociedad más Justa.
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