Intervención de ASJ reivindica derecho a la educación de víctima de abuso sexual

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Intervención de ASJ reivindica derecho a la educación de víctima de abuso sexual

reinsercion escolar
  • Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad del menor y su familia.

Luis asistía al tercer grado cuando sus maestros comenzaron a sancionarlo a causa de conductas inusuales dentro del aula de clase.

El niño de ocho años era considerado un “caso difícil” debido a sus constantes conductas impulsivas, poco control de la agresividad, retraimiento y falta de concentración.

La situación sobrepasó a su maestra cuando en una ocasión, el pequeño subió a una reserva de agua elevada dentro de la escuela y comenzó a amenazar con lanzarse desde lo alto.

Preocupadas y consternadas, la educadora y las autoridades de la escuela a la que asistía Luis emplazaron a su madre, Ana, para buscar otra escuela –una de educación especial- para que su hijo continuara sus estudios el próximo año.

Ana atravesaba entonces una pérdida irreparable, su hijo mayor José había sido asesinado el año anterior. Un problema escolar pareció entonces eso: algo que podía resolverse en otro centro educativo.

Fue así que Ana decidió cambiar de escuela a Luis, pero al paso de los días, el niño comenzó a manifestar nuevamente conductas alarmantes.

Sancionado constantemente, la matrícula también le fue negada en la nueva escuela y para principios del año en curso, el menor no gozaba del derecho a la educación.

El caso llegó a oídos del personal de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), el cual descubrió, después de una evaluación, las causas del comportamiento del niño.

Luis procedía de un hogar disfuncional, con un padre adicto a las drogas, mientras su madre sufría por la muerte violenta de José.

“En ninguna escuela lo querían aceptar por el mal comportamiento. Había estado en una escuela hasta segundo grado y le dan traslado porque el niño tenía comportamientos inadecuados y a criterio de la escuela, requería educación especial porque no tenía las condiciones para aprender y su comportamiento interactivo necesitaba de una escuela especial”, indicó la psicóloga que conoció el caso.

Sin embargo, a criterio de la experta, las actitudes de Luis correspondían a un problema mayor que nadie había detectado.

“Cuando acudimos a la escuela nos relatan que el niño había tenido algunas conductas difíciles, que a la mamá se le había llamado mientras el niño estuvo en la escuela y que por falta de apoyo de ella se había procedido a darle el traslado. Les explicamos que no encontrábamos razón alguna para la exclusión del niño, al contrario, era importante que el niño se sintiera incluido”, explicó.

Las autoridades del centro enfatizaron en que el niño necesitaba educación especial. La hipótesis derivó de un diagnóstico emitido por un psiquiatra asignado a un centro de salud de la zona. El mismo refería que entre 2014 y 2015 el menor presentaba un trastorno afectivo recurrente y trastorno de atención.

Este diagnóstico indica que el paciente sufre situaciones estresantes del entorno y, por ende, manifestaciones de comportamiento extremas, pasando de la euforia a la depresión. En ese sentido, Luis necesitaba atención, pero el problema aún no era identificado y tras varias semanas, la madre interrumpió el tratamiento.

Con ASJ como responsable de una nueva evaluación psicológica, se entregó a las autoridades escolares un informe en el que se explicó el significado del diagnóstico hecho en el centro de salud y así continuó el proceso para que Luis pueda regresar a clases, el cual pasó por dicha evaluación. Las conductas reportadas por la escuela también dieron la señal de alerta.

“En psicología, una cuestión importante son los indicadores para detectar sospecha de abuso sexual infantil, porque los menores e incluso adultos, a veces no tenemos las habilidades sociales para poder decir lo que nos pasa, para poder transmitir las emociones de forma adecuada. En esta situación, el silencio es uno de los mayores conspiradores para los agresores sexuales y la vorágine psico-emocional que el niño tiene internamente la va a manifestar en la conducta y se tiende a etiquetar como el niño malo, desobediente, y no vemos que es una necesidad que el niño está tratando de exteriorizar”, indicó la psicóloga de ASJ.

Cuando existe abuso sexual infantil, se disparan indicadores conductuales, sociales, emocionales e intelectuales. Estas situaciones fueron detectadas por ASJ durante el tratamiento de Luis y en las entrevistas con maestros y su propia madre.

El niño no era fácil de controlar por la hiperactividad que presentaba, lo que derivó en rechazo y desplazamiento, dando un mensaje negativo.

“Cuando regresamos con la evaluación, las autoridades de la escuela se sorprendieron porque en ningún momento habían detectado que el niño había sido abusado. Por la falta de conocimiento en el tema, ellos no pudieron relacionar el comportamiento con indicadores de abuso, sino que condicionaron al niño a algún tipo de retraso cognitivo”, añadió.

Finalmente, la escuela abrió un espacio para que Luis pudiera cursar el cuarto grado. El compromiso del centro educativo, de Ana y de ASJ permitió colaborar por el bienestar del niño.

La ASJ proporcionó un kit escolar y uniforme al pequeño para que pudiera incorporarse a clases, así como atención psicológica para él y para su madre.

A raíz de esta intervención, tras cuatro semanas de clase Luis presenta un comportamiento adecuado dentro del aula y su maestra reporta que se encuentra activo en clase y con sus tareas.

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