Lester Ramírez

Se acerca el momento que todos, para bien o mal, estamos esperando: la Relección… El próximo 11 de septiembre será el pitazo de salida “oficial” del ciclo electoral con la convocatoria a las elecciones primarias y el experimento reeleccionista hondureño será puesto a prueba.

No argumentaré a favor o en contra de la Reelección o de su legalidad o ilegalidad, porque eso quedará a cada persona determinarlo. Pero si daré algunas particularidades de lo que puede suceder si Honduras toma esa ruta en base a lo que ha pasado en otros países de la región. Los países latinoamericanos comparten características históricas, culturales y de diseño institucional que confluyen en la formación de determinados acontecimientos y ciclos políticos (p. ej., dictaduras, el neoliberalismo, socialismo del S. XXI, narcoestados, etc.) -esto los hace en excelentes objetos de comparación y aprendizaje horizontal.

Como se sabe, la reelección presidencial ha sido un experimento de gobiernos de izquierda (Venezuela, Bolivia, Brasil, etc.) y de derechas (Perú, Colombia, Rep. Dominicana, etc.). Todos estos países comparten un fenómeno muy latinoamericano: el hiperpresidencialismo. Este término, no es más que un Ejecutivo (Presidente) con atribuciones extraordinarias que difícilmente es controlado por el Judicial y Legislativo.

¿Por qué un presidente busca la reelección?

Hay dos respuestas: la adulterada y la original. La primera, pues consideran que 4 años es muy poco tiempo para realmente tener un impacto en términos de desarrollo. La segunda, es el afán de continuar saboreando las mieles del poder. No hay que ver esto en blanco y negro, muchas veces estas dos dimensiones confluyen y conviven juntas, pues nuestro político criollo además de ser paternalista es patrimonialista. Pero el resultado de éste capricho político es lo realmente interesante. Veamos tres consecuencias positivas como negativas de la reelección.

Pro: La reelección produce gobernabilidad en el corto y medio plazo
Contra: La reelección produce corrupción y menos rendición de cuentas en el largo plazo.

En el contexto latinoamericano hemos visto como presidentes reelegidos desmantelan congresos y reducen a la oposición, permitiendo llevar a cabo transformadoras reformas producto de la legitimidad popular. Desafortunadamente, la concentración del poder implica mayores oportunidades de corrupción y menos oportunidades para el intercambio de ideas, al no haber rendición de cuentas y competencia política. Al final, el encanto se acaba y las cosas se vuelven ingobernables. Solo hay que ver a Venezuela.

Pro: La reelección permite la implementación de políticas que favorecen a las masas excluidas
Contra: La reelección se nutre del populismo para legitimarse

Los países latinoamericanos son de los más desiguales del mundo, esto hace que las grandes masas populares no crean mucho en la democracia y más en caudillos que les pueda proteger de las élites que históricamente los han explotado y excluido. La manera predilecta de cuidar a los pobres es a través de políticas clientelares que implica grandes erogaciones de dinero. El problema surge cuando se acaba el dinero. Usualmente los países que han tomado la ruta de la reelección utilizan sus recursos naturales como fuente de ingresos, especialmente petróleo, minerales o monocultivos. Se tratan de economías poco diversificadas que dependen de un commodity. Cuando bajan los precios internacionales o entran nuevos competidores globales, las políticas asistencialistas son golpeadas financieramente y en el proceso, la figura del benefactor pierde legitimidad. El caso de Brasil es un ejemplo claro de esto.

Pro: La reelección permite que liderazgos carismáticos lleven a cabo reformas trascendentales
Contra: La reelección produce vacíos de poder producto de la concentración de poder

Una de las principales características que han tenido nuestros líderes latinoamericanos desde Simón Bolívar, pasando por Juan Perón y Fidel Castro, hasta llegar a contemporáneos como Hugo Chavez y Rafael Correa es su habilidad de gobernar con gran soporte popular debido a su carisma y astucia política. En el proceso, se convierten en los padres de la nación y brota el culto a la personalidad. El problema de tener líderes de este calado es que se convierten en el principal custodio e intérprete de los intereses del país. Cuando el proyecto llega a un estrepitoso fin, no hay liderazgos que den continuidad o llenen el vacío. Sumado a esto, la institucionalidad del Estado queda huérfana y el período transición es mucho más largo y doloroso. En gran medida Colombia logró esquivar esto, pues había un “plan B”. Pero Perú, no pudo.

En conclusión, la reelección en estados débilmente institucionalizados que no permiten una distribución saludable del poder es una propuesta riesgosa. Quisiera pensar que el experimento hondureño sea la excepción; sin embargo, la evidencia que nos brinda Latinoamérica nos dice lo contrario. A pesar de esto, la Reelección queramos o no, será un puente que la democracia catracha tendrá que cruzar para desengañarse. Por el momento, pensemos en contrapesos republicanos independientes y mayor igualdad entre partidos políticos para mitigar el hiperpresidencialismo.

2016-06-13
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