Alianza entre comunidad y ASJ aleja a los jóvenes de la delincuencia

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Alianza entre comunidad y ASJ aleja a los jóvenes de la delincuencia

proyecto comunitario ASJ

*Se han cambiado los nombres por seguridad.

Tegucigalpa. En la colina rodeada de pequeñas casas, pero no de árboles, el sol golpea con fuerza el rostro. En un día despejado y caluroso, el astro rey hace derramar gotas de sudor desde la frente. Es esto o las gotas de lluvia que empapan la piel y la ropa en la temporada de lluvia.

A pesar de ello, casi un centenar de niños y adultos se agrupan cada domingo alrededor de la cancha de tierra con pequeñas porterías blancas de metal para jugar o presenciar los partidos de fútbol de la liga local, conformada por 12 equipos de al menos 11 integrantes cada uno, cuyas edades oscilan entre 12 y 60 años.

Al lugar también llegan a diario niños que corretean tras el balón, inocentes ajenos a los peligros y amenazas de su entorno.

En esta, una de las comunidades con mayor índice de homicidios de Tegucigalpa, un techo que cubra a los espectadores del inclemente sol en las tardes del domingo puede alejar no solo el calor, sino a las influencias negativas que buscan inducir a los jóvenes al mundo de la delincuencia.

Fue así como surgió la idea de construir una caseta a la orilla del campo, para acercar a niños y jóvenes al deporte y distanciarlos de la violencia.

Fabiola, de 14 años, es la presidenta del proyecto local de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) que comenzó en marzo. Ella lidera un grupo de 25 niños, es uno de los tres que actualmente funcionan en la comunidad con el objetivo de formar a los menores en valores.

Actualmente cursa el noveno grado en un instituto público de la ciudad y comenta que la iniciativa nació de los niños como un servicio a su comunidad.

“No sabíamos qué proyecto hacer, pero luego dijimos: ‘esto ayuda’. No hay donde sentarse, si se sientan es alrededor del campo en pleno sol. Este proyecto no solo nos va a ayudar a nosotros, sino a la comunidad entera”, afirma la niña de ojos decididos que ha encontrado en las personas de este programa una tercera familia.

“He aprendido mucho acerca de Dios. No sé cuando se termine el proyecto qué voy a hacer porque me ha ayudado mucho, el grupo para mí es como mi tercera familia, me gusta ayudar a las demás personas y sentirme en familia”, agrega.

Fabiola se siente motivada y lo transmite al resto de sus compañeros. Con una brocha en la mano, pinta una de las columnas de madera que sostendrá el nuevo techo que brinde sombra y refugio a los miembros de su comunidad que buscan una sana diversión en la cancha.

“Con un granito de arena comenzamos y luego terminamos muy grande”, dice mientras esboza una sonrisa.

Manos a la obra

Los materiales para la construcción de la caseta fueron donados por la ASJ. Como contraparte, la comunidad aportó la mano de obra.

El levantamiento comenzó alrededor de las dos de la tarde y se extendió hasta las seis. En la labor colaboraron padres de familia, miembros de la liga de fútbol local y los niños del proyecto.

Doña Elisa, madre de una de las niñas del proyecto, sostiene que éste es un beneficio importante para la comunidad. “He visto la mejoría en ella (su hija), era muy tímida. Me gustan los proyectos que hacen porque aquí necesitábamos esa galera para cuando viene la gente a ver los partidos, ya no se va a asolear ni se van a mojar si lloviera”.

“A nosotros como padres lo que nos toca es apoyar a los niños y a la persona que está en el proyecto porque si no apoyamos, en nada estamos. Nuestra iniciativa es esa, seguir apoyando. Hay que pedirle a Dios que Él tome control de todo para que sigamos adelante”, agrega.

Don Francisco es el presidente de la liga local de fútbol, quien coordinó la participación comunitaria en el proyecto. Con alegría sostiene que esta caseta traerá un beneficio importante para los involucrados.

“Antes teníamos hasta liga de niños, pero no tenemos fondos para sostenerla porque hay que comprarles uniformes y pelotas. Esta cancha tenemos casi 20 años de tenerla, había una señora que era la dueña y hablamos con ella para que nos prestara aquí”, recuerda.

Entonces, ni siquiera había viviendas alrededor de la cancha como las hay actualmente y la presencia de los jóvenes muchas veces molesta a los vecinos porque los balones caen sobre sus techos o golpean sus paredes.

El sueño de la liga es cercar la cancha, para evitar que los balones molesten a los vecinos y estos se queden con ellos como represalia, pues los equipos son de escasos recursos económicos y no pueden comprarlos. “Les agradecemos porque es algo que aquí nadie se había interesado por ayudarnos y qué bueno. Es algo que nosotros tenemos que valorar, también tenemos que colaborar”.

Don Alexis manifiesta satisfecho que “aquí muchos jóvenes han dejado de tomar o de tener otra clase de vicios porque los motivamos dándoles la oportunidad de jugar. Tenemos campeones y esta vez la final fue algo maravilloso, nos colaboraron con audio para que los niños se motivaran, animándolos. Fue algo bonito”.

En 2015, al menos 350 niños fueron formados en valores y ciudadanía activa en colonias de la capital hondureña donde se registran altos índices de violencia. En dos años, otros 350 niños habrán concluido con éxito el programa, sumándose a la sociedad como ciudadanos dispuestos a ayudar a su prójimo y trabajar por una Honduras más justa.

Vea las fotografías del proyecto haciendo clic sobre las flechas:

Proyecto Comunitario ASJ

asj
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