• Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad de las personas involucradas.

Tegucigalpa. Azucena encadena el hilo metálico con pequeños cristales y en ellos entrelaza sus sueños. Sus manos denotan la huella del trabajo arduo, pero también la energía que les imprime la esperanza.

La mujer de 42 años es parte de un grupo de madres de familia capacitadas en elaboración de bisutería, cojines y emprendimiento por la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) en su comunidad.

Antes de iniciar este proyecto, la madre de seis hijos trataba de agenciarse algunos ingresos con la venta de ropa de segunda mano; sin embargo, las capacitaciones abrieron sus ojos a nuevas posibilidades.

“En estos talleres nos han enseñado que como mujeres podemos y sí hemos aprendido a hacer bisutería: aritos, collares, cadenas, pulseras… Ahí estamos empezando a trabajar y vendemos el producto que hacemos”, comenta emocionada.

Durante los fines de semana Azucena aún se dedica a vender ropa, por lo que de lunes a viernes destina algunos momentos para fabricar los accesorios que luego ofrece entre sus vecinas y amistades.

Atrás quedaron los momentos de incertidumbre ante la difícil situación económica que atravesaba su familia. Esta preparación mantiene su mirada en el futuro, con la certeza de que podrá enfrentar los retos.

“Lo más difícil para mí era lo económico, porque no lo tenía; pero de lo que Dios me proveyó y la ayuda que nos dieron, hemos ido sacando para comprar el material”, señala.

Su nueva empresa la mantiene motivada y ya prevé enviar algunas de sus creaciones al norte de Francisco Morazán, donde su esposo e hijos se trasladarán en diciembre próximo para dedicarse a la recolección de café.

Una mujer también puede salir adelante

Al igual que Azucena, Liliana –de 30 años- ha asumido la tarea de sostener su hogar. Tiene tres hijos y aunque su esposo vive bajo el mismo techo, padece alcoholismo.

Por las mañanas trabaja para una microempresa de limpieza que se encarga del aseo de calles y por la tarde, vende ropa.

“He aprendido bastante, saber cómo va a salir adelante uno con los negocios, saber empezar de cero, de poco… Las capacitaciones le ayudan bastante a uno, a luchar. Ahorita estoy vendiendo ropa”, cuenta con una sonrisa en el rostro.

Hace una pausa y agrega: “ese dinero me ha sacado de apuros, porque a veces no tengo para la escuela de los niños”.

Liliana también espera que diciembre sea un buen mes para las ventas, por lo que con los conocimientos adquiridos ha preparado un plan de negocios que incluye además una expansión para la venta de uniformes escolares.

En sus ojos hoy brilla la luz de la esperanza. Se siente preparada para emprender. “Uno de mujer tiene que saber valorarse uno mismo, no depender del hombre, porque a veces uno piensa que sin un hombre no puede, pero es mentira. Uno de mujer también puede salir adelante”, dice.

Para ambas, la lección aprendida es que “nosotras como mujeres podemos, no solo depender del compañero de hogar, nosotros podemos trabajar, con nuestras manos. Como dice la Palabra de Dios: todo lo que toquen nuestras manos será prosperado”.

Sacudir el miedo

Perder el miedo de comenzar una actividad económica no es tarea fácil. Para ello, este grupo de mujeres recibió formación en materia de emprendimiento.

Las cabezas de hogar comenzaron con una idea de negocios, identificando a sus clientes y competidores, así como las características que le daban competitividad a sus productos, para luego crear un plan de comercialización.

“Durante ese tiempo las señoras estuvieron aprendiendo sobre negocios, cuáles son las características de un emprendedor; pero, sobre todo, el trabajo se concentró más en desarrollar un plan de negocios. Siempre hicimos énfasis en que esto les iba a servir al momento en que ellas implementaran una actividad generadora de ingresos y nos enfocamos en áreas básicas y el plan de comercialización”, explica Johny Arias, el capacitador del grupo.

Según Arias, lo más importante para estas mujeres fue quitarse el miedo a emprender. “Muchas han emprendido negocios y han tenido fracasos y al no tener los conocimientos adecuados, han fracasado. Las primeras clases sirvieron para que ellas tuvieran el valor, ya con conocimientos, porque antes lo hicieron por experiencia o porque alguien les dijo”, relata.

“Ya ellas tienen más conocimientos de lo que es una empresa, de lo que es emprender, de lo que es llevar algún tipo de registros básicos que les puedan ayudar a tomar decisiones”, añade.

En total, la ASJ capacitó a 15 mujeres en bisutería, elaboración de cojines y emprendimiento. La mayor parte de las participantes en los talleres ha iniciado ya proyectos de venta de golosinas, tortillas, ropa o un salón de belleza.

Vea fotos del taller haciendo clic sobre las flechas:

Taller de bisutería y emprendimiento

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