• El proyecto apoya a 45 mujeres víctimas de violencia doméstica en tres colonias de la capital hondureña.
  • En las sesiones, las participantes fortalecen su autoestima y confianza.
  • Charlas de emprendedurismo y terapia ocupacional son parte del programa.

Tegucigalpa. Sus labios esbozan con frecuencia una sonrisa mientras habla. Del dolor que hace dos años le había arrebatado sus sueños, quedan apenas recuerdos.

“María” (como llamaremos a nuestra protagonista) aparenta más de 32 años, su edad real, quizá por el sufrimiento que atravesó al lado de su exesposo “Pablo”, quien dejó esta vida de igual forma en la que vivió: con violencia.

No terminó ni siquiera el primer grado y fue criada por su abuela tras el abandono de su madre; sin embargo, cada día elabora alrededor de 150 tortillas que sale a vender por la mañana para sostener a los tres hijos que procreó junto a Pablo: la mayor de 13 años, el segundo de 11 y la tercera de seis años.

“Yo trabajé al lado del papá de mis hijos. Para mí fue muy triste la muerte de él. Yo ya no vivía con él. A él lo mataron un 25 de enero (2014), yo iba a ajustar un año de haberme dejado con él. Yo a él le aguanté demasiadas cosas”, rememora.

Su mente hilvana decenas de momentos dolorosos de maltrato de los que fue víctima y reconoce que entonces, se sentía más tranquila en la calle que en su propio hogar.

“Yo llegaba a la casa de vender tortillas y cuando yo llegaba a la casa llegaba con mi cabeza atormentada, con aquel dolor de cabeza, no le sentía gusto a la comida. Yo a él le tenía miedo”, agrega.

Gritos y golpes se volvieron costumbre en el hogar de María y Pablo, convirtiéndolo en un infierno. Pero el amor por sus hijos la hizo reflexionar y tomó la determinación de separarse de él.

“Yo dije un día: No, hasta aquí va a llegar esto. Él me buscaba pero yo ya no le hacía caso, le hablaba y todo, pero no me dejaba tranquila, aunque yo ya no estaba con él, quería estarme molestando mi vida. Él me insultaba”.

La muerte de Pablo, aunque trágica, cerró un capítulo en su vida. Desde entonces se dio a la tarea de luchar por sus tres hijos y darles un mejor futuro.

“Yo qué me iba a poner un pantalón, qué me iba a pintar, qué me iba a cortar el pelo… Yo soporté muchas cosas y ahora le doy gracias a Dios. Yo ahora solo pienso en trabajar y salir adelante con mis hijos y hacerles una casita”, comparte con la voz llena de tranquilidad, reflexionando sobre el pasado pero con la mirada en el futuro.

María admite que no puede darles “lujos” a sus hijos, pero sí un techo, comida y estudio. Hace una pausa y continúa: “Yo no sé leer porque yo me salí a mitad de año porque solo trabajando y trabajando, me levantaba a la una de la mañana para moler tortillas. Hay mamás que no valoran a sus hijos, pero yo de la cocina, yo trabajo de lo que usted me diga y no dejo morir de hambre a mis hijos porque me gusta luchar por ellos”.

Tras su calvario, la valiente madre se unió a “Mujeres Fuertes”, el programa de Impacto Juvenil mediante el cual se busca fomentar el autoestima, rol de género y confianza de 45 mujeres víctimas de violencia doméstica.

A lo largo de 12 semanas, las féminas son tratadas mediante terapias ocupacionales y reciben charlas de emprendedurismo para valerse por sí mismas, descubriendo sus habilidades a través de las manualidades, disfrutando ser mujeres y no solo madres, esposas o hijas.

Con su experiencia, María se ha convertido en una lidereza dentro del grupo de apoyo de 15 mujeres que integra y continúa su camino en busca de la felicidad.

Ahora comparte su vida junto a un joven con el que se siente amada y protegida, con quien espera un bebé.

“Con él paso tranquila, me respeta a mis hijos porque él dice que pasó por lo mismo. Me cambió la vida”, finaliza.

Haga click sobre las flechas para ver la fotogalería de la clausura del año del proyecto “Mujeres Fuertes”:

Clausura del año del proyecto Mujeres Fuertes

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